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Morena se hunde en Sayula: Ramírez Zepeta abraza el quebranto, la violencia y el repudio ciudadano

Sayula de Alemán, Ver.— La decisión del dirigente estatal de Morena en Veracruz, Esteban Ramírez Zepeta, de respaldar públicamente a Lorena Sánchez Vargas, exalcaldesa de Sayula de Alemán, no solo reabre una herida política: confirma una deriva peligrosa del partido en el sur del estado. Lejos de rectificar, la dirigencia opta por arroparse con el símbolo más documentado del colapso financiero, la inseguridad y el descrédito institucional en el municipio.

Sánchez Vargas carga con el mayor quebranto financiero registrado en un ayuntamiento veracruzano, un expediente sustentado por observaciones graves de instancias fiscalizadoras y por denuncias ciudadanas reiteradas. Su paso por la alcaldía dejó un gobierno paralizado, servicios colapsados, obras inconclusas y una administración incapaz de sostener la vida pública local. No es un activo político: es un lastre.

Pese a ese historial, Morena decide cobijarla. El mensaje es inequívoco y corrosivo: el discurso anticorrupción se diluye cuando choca con intereses internos. La congruencia se sacrifica; la credibilidad se evapora.

El señalamiento se vuelve más grave al considerar que el respaldo se extiende al núcleo político familiar con el que Sánchez Vargas gobernó e influyó. Habitantes y actores locales han señalado a ese grupo como corresponsable del deterioro de la seguridad, en un periodo en el que Sayula se consolidó como foco rojo sin resultados efectivos de contención del crimen. La violencia no fue una anomalía: fue el telón de fondo de una administración fallida.

El veredicto social ya ocurrió. En las urnas, Morena perdió estructura, fuerza y confianza bajo la sombra de Lorena Sánchez. Ni el despliegue de recursos ni los actos proselitistas —donde coincidieron personajes ampliamente señalados por presuntos vínculos delictivos en el sur de Veracruz— lograron revertir el rechazo. La derrota fue clara y el mensaje, contundente.

Aun así, Ramírez Zepeta insiste. La pregunta que recorre Sayula —y empieza a incomodar dentro del propio partido— es inevitable: ¿por qué sostener a quien encarna el fracaso? ¿A quién beneficia mantenerla como referente? ¿Qué proyecto real tiene Morena para un municipio exhausto?

En los hechos, no hay reconstrucción. Hay persistencia en el error. Mientras Sayula paga las consecuencias del quebranto financiero, la inseguridad y el desprestigio institucional, la dirigencia estatal parece decidida a cargar con un pasado que ya fue juzgado y rechazado.

En Sayula de Alemán, Lorena Sánchez Vargas no simboliza transformación: simboliza colapso. Y al abrazarla políticamente, Esteban Ramírez Zepeta coloca a Morena del lado equivocado de la historia local. La factura política —y social— ya comenzó a cobrarse.

Redacción Reportaje Veracruzano

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