COATZINTLA, BAJO EL DESCONTROL: BORRACHERA MASIVA REVIENTA LA “CORRIDA DE LOS JUDÍOS” Y EXHIBE EL FRACASO DEL ALCALDE Jorge Alanís

Lo que debía ser una celebración tradicional terminó convertido en un espectáculo de caos, alcohol desbordado y autoridad rebasada en Coatzintla. La llamada “Corrida de los Judíos”, promovida como un evento familiar, degeneró en una escena que muchos asistentes describen sin rodeos: una cantina al aire libre sin control alguno.

Desde horas previas al arranque, la realidad ya contradecía el discurso oficial. Decenas de personas en evidente estado de ebriedad circulaban sin restricción, anticipando lo que sería una jornada fuera de control. Familias completas, que acudieron con la expectativa de una festividad segura, quedaron atrapadas en un ambiente hostil, marcado por el exceso y la ausencia de orden.

El operativo prometido por el Ayuntamiento simplemente no existió en los hechos. La regulación en la venta de alcohol fue letra muerta y los elementos de seguridad fueron rápidamente superados por la magnitud del descontrol. Lo que debía ser prevención se convirtió en reacción tardía; lo que se anunció como estrategia, terminó evidenciado como simulación.

Las críticas apuntan de forma directa al alcalde Jorge Alanís, a quien ciudadanos señalan por haber vendido una narrativa que nunca se materializó. La acusación es contundente: no solo falló la organización, sino que se permitió —por omisión o incapacidad— que una de las festividades más representativas del municipio se degradara en un escenario de riesgo.

En el mismo tenor, el área de Turismo, encabezada por Edgar de León, también se encuentra bajo escrutinio. La falta de previsión ante un evento que año con año congrega a cientos de personas, incluidos visitantes, deja al descubierto una gestión improvisada que golpea directamente la imagen del municipio.

Para los asistentes, lo ocurrido no es un incidente aislado ni un simple descuido: es el reflejo de un gobierno que promete orden y entrega abandono. Un gobierno que anuncia seguridad y permite descontrol.
“El video habla por sí solo”, sentencian ciudadanos indignados. Y lo que muestra no es una fiesta, sino un retrato incómodo de autoridad ausente.

Hoy, Coatzintla no solo enfrenta la resaca de una mala jornada: enfrenta el costo de la negligencia institucional. Porque cuando la autoridad pierde el control, lo que sigue no es tradición… es riesgo.

Redacción Reportaje Veracruzano