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SI LA ALCALDESA MARYJOSE NO VIVE DE SU SUELDO… ¿QUIÉN LE PAGA LA VIDA?

Maryjose Gamboa intenta apagar la polémica en Boca del Río, pero sus aclaraciones abren nuevas preguntas sobre transparencia y manejo político

La alcaldesa de Maryjose Gamboa salió a contener el incendio mediático que comenzó a crecer en redes sociales alrededor de la nómina del Ayuntamiento de Boca del Río. Con documentos en mano, rechazó las acusaciones sobre supuestos salarios inflados y empleados “fantasma”, pero en lugar de cerrar el debate, terminó alimentando otro aún más delicado: el de la credibilidad pública.

La presidenta municipal aseguró que el trabajador Gamaliel González Hernández sí labora en el área de recolección de basura y explicó que el monto elevado que apareció en registros correspondía a pagos retroactivos acumulados durante tres meses, derivados —según dijo— de un problema con su identificación oficial que le impidió cobrar a tiempo.
Con ello, intentó desmontar la narrativa de una nómina irregular. Sin embargo, el verdadero foco político ya no estaba únicamente en ese caso.

La tormenta creció cuando también negó percibir más de 91 mil pesos mensuales y sostuvo que su ingreso real como alcaldesa ronda los 35 mil pesos al mes, afirmando además que dichos salarios son establecidos por el Congreso del Estado y que se mantienen sin aumentos desde la administración del exalcalde Juan Manuel de Unánue Abascal.
Pero ahí es donde comienza el problema político de fondo.

Porque mientras el discurso oficial insiste en que no existen privilegios ni excesos, las propias declaraciones de la alcaldesa siguen dejando huecos difíciles de ignorar.

Hace apenas unos días, la propia Maryjose presumía públicamente que prácticamente no necesita su sueldo. Y el estado de cuenta exhibido por ella misma mostraba movimientos mínimos, con gastos de apenas unos cuantos miles de pesos y ahorros acumulados superiores a los 200 mil pesos.

La pregunta entonces ya no gira únicamente en torno a cuánto gana.

La pregunta que incomoda es otra: ¿cómo sostiene realmente su nivel de vida si el salario que presume prácticamente permanece intacto?

Y en política, cuando las explicaciones llegan fragmentadas, el vacío lo llena la sospecha.
El gobierno municipal insiste en hablar de transparencia, pero transparencia no significa solamente mostrar documentos seleccionados.

Transparencia implica explicar de forma integral el origen de ingresos, beneficios, apoyos y cualquier mecanismo económico que permita entender la realidad financiera de quienes gobiernan.

Porque en Veracruz, tierra marcada por décadas de corrupción, simulación y privilegios disfrazados de legalidad, la ciudadanía ya aprendió a desconfiar de las narrativas perfectamente maquilladas.
Nadie acusa un delito. Pero sí existe una exigencia legítima de claridad.

Y cuando una figura pública presume que “no necesita” el sueldo que recibe del erario, inevitablemente abre la puerta a una pregunta demoledora:

Si no vive de su salario público… ¿entonces de qué vive?

REDACCIÓN REPORTAJE VERACRUZANO

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