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¡A plena luz del día y frente a una biblioteca! Coatzacoalcos vuelve a escuchar las balas mientras la seguridad queda en entredicho

COATZACOALCOS, VER.— Diez detonaciones rompieron la tranquilidad de la colonia El Tesoro la mañana de este martes. Un trabajador tuvo que correr para salvar la vida y una biblioteca pública terminó cerrando sus puertas.

El episodio no sólo dejó una denuncia ante la Fiscalía. También vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta incómoda para el gobierno municipal de Pedro Miguel Rosaldo García: ¿qué tan segura está realmente la ciudad que gobierna?

El ataque ocurrió alrededor de las 8:00 de la mañana sobre la calle Mártires de Chicago, en las inmediaciones de la biblioteca pública Cornelius Versteeg.

La víctima, identificada como José de Jesús Carrizales Huerta, auxiliar de la institución, relató que se encontraba cerca del lugar cuando sujetos que presuntamente viajaban en un taxi se aproximaron.

Uno de los ocupantes descendió de la unidad y, según su declaración, le ordenó que no se moviera.

Carrizales Huerta decidió correr.

La respuesta habría sido una ráfaga de disparos.

El trabajador consiguió escapar ileso, mientras testigos aseguraron haber escuchado alrededor de diez detonaciones que sembraron el miedo entre vecinos y personas que se encontraban en la zona.

No hubo tiempo para memorizar placas ni identificar la numeralia del taxi. La prioridad fue sobrevivir.

Después del ataque, el trabajador acudió ante la Fiscalía para presentar la denuncia correspondiente y solicitar que se investigue quién intentó asesinarlo y por qué.

La biblioteca suspendió sus actividades durante este martes como medida preventiva. Aunque los alumnos se encuentran actualmente de vacaciones, el mensaje que deja el episodio es difícil de ignorar: la violencia llegó hasta las inmediaciones de un espacio público destinado a la cultura y la educación.

Y aquí comienza el problema político.

Pedro Miguel Rosaldo García llegó al Ayuntamiento con un discurso que coloca a la seguridad entre sus compromisos de gobierno. Su propia plataforma política plantea propuestas específicas en materia de seguridad y presenta al alcalde como responsable de conducir la transformación del municipio.

Pero gobernar no consiste solamente en prometer seguridad.

Gobernar significa responder cuando los ciudadanos sienten que la perdieron.

Un ataque armado ocurrido a plena mañana, en una colonia habitada y cerca de una biblioteca pública, obliga a cuestionar la eficacia de la prevención policial.

No se trata de atribuirle al alcalde la responsabilidad material por un ataque que deberá investigar la Fiscalía. Tampoco de afirmar que el Ayuntamiento tenga control absoluto sobre todos los delitos.

Se trata de algo mucho más elemental:

¿Dónde estaba la vigilancia?

¿Había patrullajes preventivos en el sector?

¿Existen protocolos específicos para proteger espacios públicos?

¿Se incrementará la presencia policial después de este ataque o todo terminará, como tantas veces, en un comunicado y una investigación posterior?

Porque si la política de seguridad sólo aparece después de que se escuchan los disparos, entonces no estamos hablando de prevención.

Estamos hablando de reacción.

Y la ciudadanía merece saber qué está haciendo el gobierno municipal para impedir que las calles se conviertan en escenarios donde cualquier persona pueda ser perseguida a balazos.

La administración de Rosaldo García apenas transita su primer año, pero precisamente por eso cada episodio de violencia constituye una prueba de fuego para el discurso de cambio con el que llegó al poder. El Ayuntamiento ha difundido durante estos meses una narrativa de cercanía, atención ciudadana y transformación.

Ahora toca demostrar que esa cercanía también existe cuando lo que exige la población no es un programa social, una ceremonia o un acto protocolario.

Es seguridad.

El caso de El Tesoro deja una escena brutalmente sencilla: un trabajador corriendo para salvarse, un agresor disparando y vecinos buscando refugio.

Diez detonaciones bastaron para recordarle a Coatzacoalcos que la tranquilidad puede desaparecer en segundos.

La Fiscalía tendrá que esclarecer el ataque, identificar a los responsables y establecer el móvil.

Pero el Ayuntamiento también tiene preguntas pendientes.

Rosaldo García deberá demostrar que la seguridad de Coatzacoalcos no es únicamente una promesa de campaña, sino una responsabilidad que se ejerce todos los días y, sobre todo, antes de que vuelvan a sonar los disparos.

Porque una ciudad verdaderamente segura no es aquella donde las autoridades llegan después de la balacera.

Es aquella donde la balacera pudo evitarse.

Redacción Reportaje Veracruzano

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