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“¿Quién vigila a los vigilantes?”: Estalla escándalo en la SSP Veracruz por presunto huachicoleo dentro de la Policía Estatal

Mientras Veracruz combate el robo de combustible con discursos oficiales, operativos y promesas de “cero tolerancia”, una imagen que circula en redes sociales amenaza con convertirse en un símbolo demoledor de la descomposición institucional dentro de la propia Secretaría de Seguridad Pública estatal.

El señalado no es un delincuente común ni un integrante de alguna célula criminal. Se trata, presuntamente, de un mando operativo identificado por elementos bajo anonimato como “El Profe”, encargado de motopatrullas de la región norte de Veracruz, una zona estratégica que abarca municipios como Álamo, Poza Rica, Tuxpan, Papantla y Martínez de la Torre.



La fotografía que ha comenzado a incendiar el debate público muestra una escena tan burda como alarmante: una motopatrulla oficial de la SSP con una manguera conectada al tanque de combustible, mientras dos garrafones colocados en el suelo reciben el líquido extraído. Junto a la unidad aparece el oficial señalado, sosteniendo aparentemente el tapón del tanque y manipulando la manguera en lo que muchos ya califican como un presunto acto de huachicoleo institucional.

La indignación no proviene únicamente de ciudadanos. Dentro de la misma corporación, voces anónimas aseguran que las acusaciones contra “El Profe” no son nuevas. Policías bajo su mando lo señalan por presuntas prácticas de corrupción, abuso de autoridad y supuestas cuotas obligatorias relacionadas con el uso y mantenimiento de las unidades motorizadas.

La gravedad del caso no radica solamente en el presunto robo de gasolina. El verdadero golpe está en el mensaje devastador que deja hacia la ciudadanía: si quienes portan el uniforme y tienen la responsabilidad de combatir el crimen terminan señalados por prácticas clandestinas, la línea entre autoridad y corrupción comienza a desdibujarse peligrosamente.

El escándalo coloca bajo una presión incómoda tanto a la gobernadora Rocío Nahle como al titular de la SSP, pues la ciudadanía exige algo más que comunicados ambiguos o investigaciones internas que suelen perderse en la burocracia. Lo que está en juego es la credibilidad de una institución que arrastra años de cuestionamientos, escándalos y acusaciones por abusos.

Organizaciones civiles y ciudadanos han comenzado a exigir una investigación exhaustiva, imparcial y pública sobre los hechos. La demanda es clara: si la imagen es auténtica y se confirma la conducta ilícita, no puede existir protección corporativa ni simulación administrativa.

Porque cuando el combustible de las patrullas termina en garrafones y no en labores de vigilancia, la pregunta deja de ser cuánto combustible se perdió. La verdadera pregunta es cuánto más se ha perdido dentro de las instituciones encargadas de proteger Veracruz.

Redacción Reportaje Veracruzano

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