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Tragedia en la Córdoba–Cuitláhuac: una vida apagada en la oscuridad de la impunidad

Yanga, Veracruz.— La noche del lunes dejó una escena que se repite con inquietante frecuencia en las carreteras del estado: un cuerpo tendido sobre el asfalto, testigos consternados y un responsable que huyó sin mirar atrás. Esta vez, la tragedia se consumó sobre la carretera federal Córdoba–Cuitláhuac, donde un adulto mayor perdió la vida tras ser embestido por un vehículo cuyo conductor abandonó el lugar.

El hecho ocurrió a la altura del kilómetro 20, en el tramo que enlaza las comunidades de Los Mangos y Palmillas. Fueron automovilistas que transitaban por la zona quienes alertaron a los servicios de emergencia al percatarse de una persona inconsciente sobre la carpeta asfáltica, en medio de la penumbra y el silencio que suele envolver estos caminos durante la noche.

Al arribo de paramédicos del Sistema de Atención Médica de Urgencias de Veracruz (SAMUV), la escena ya no ofrecía margen para la esperanza: el hombre había fallecido a consecuencia de las severas lesiones provocadas por el impacto.

Elementos policiacos acordonaron el área e iniciaron las primeras diligencias, mientras la incertidumbre comenzaba a rodear el caso. Minutos más tarde, un hallazgo reforzaría una de las principales líneas de investigación: a corta distancia del lugar del atropellamiento fue localizada una camioneta abandonada, presuntamente vinculada con los hechos. La unidad fue asegurada y puesta a disposición de las autoridades ministeriales, que ahora deberán determinar su relación directa con el fatal incidente.

La víctima fue identificada como Gaspar Castillo Ríos, de aproximadamente 70 años de edad, originario de la comunidad de Los Mangos, en el municipio de Yanga. Su muerte no solo deja un vacío en su entorno cercano, sino que se suma a una estadística que crece sin freno en las vialidades veracruzanas.

Peritos de la Fiscalía Regional realizaron el levantamiento del cuerpo y ordenaron su traslado al Servicio Médico Forense, donde se practicará la necropsia de ley como parte de la integración de la carpeta de investigación.

Más allá del hecho aislado, el caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuántas vidas más deberán perderse en carreteras donde la imprudencia, la falta de vigilancia y la impunidad parecen ser una constante? En Yanga, la respuesta, por ahora, sigue siendo el silencio.

Redacción Reportaje Veracruzano

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