
Con una exhibición magistral en el segundo tiempo, el «Tri» aplastó 3-0 a la República Checa, firmando un pleno de 9 puntos por primera vez en su historia mundialista y blindando el Estadio Azteca para la ronda de eliminación directa
El silbatazo final retumbó en las entrañas del coloso de Santa Úrsula y desató una catarsis nacional.
No es para menos: esta generación ha roto la barrera del tiempo.
En un Estadio Azteca que rugió con el alma de más de 80 mil gargantas, la Selección Mexicana de Javier Aguirre borró de la cancha a la República Checa con un contundente e inapelable 3-0, consumando una hazaña jamás vista en las participaciones tricolores en las Copas del Mundo: avanzar a la siguiente ronda con paso perfecto, tres victorias al hilo y el arco completamente invicto.
El partido fue una batalla de ajedrez táctico con tintes de alta tensión durante la primera mitad. El libreto europeo de Ivan Hašek apostó por el desgaste físico, el juego aéreo y un bloque bajo que por momentos asfixió la creatividad mexicana.
Sin embargo, el «Vasco» Aguirre, fiel a su estirpe de viejo lobo de mar, mantuvo la calma, ajustó las tuercas en el entretiempo y ordenó un juego de transiciones eléctricas que terminó por desmantelar por completo a la escuadra checa.
La sinfonía del gol: el Azteca a los pies del «Tri»
El clímax de la noche comenzó a construirse al minuto 54, en una jugada que se guardará en las videotecas del fútbol nacional.
Luis Romo, el director de orquesta en la medular, robó un balón con autoridad y proyectó un trazo quirúrgico hacia la banda izquierda. Mateo Chávez, con el desparpajo de los elegidos, devoró los metros a velocidad, se internó en el área y, ante la salida del gigante Matej Kovář, definió con un zurdazo cruzado, raso y violento para abrir el marcador.
Con el rival grogui y obligado a adelantar líneas, México olió la sangre y aplicó la dosis letal apenas seis minutos después.
Al minuto 60, la joya de la corona, Gilberto Mora, frotó la lámpara y filtró un pase milimétrico para la internada de Jorge Sánchez; el arquero checo tapó el primer embate con las uñas, pero el esférico quedó flotando en el área chica como un regalo del destino.
Ahí, con el instinto depredador a flor de piel, apareció Julián Quiñones para empujarla al fondo y decretar el 2-0.
El dato histórico:
Nunca antes en la era moderna de los Mundiales México había sorteado una fase de grupos con 9 puntos de 9 posibles y cero goles en contra.
La zaga liderada hoy por Johan Vásquez y custodiada por un solvente Raúl «Tala» Rangel entra directo a los libros de oro del balompié azteca.
La cereza en el pastel y el estallido definitivo del «Cielito Lindo» llegaron en el tramo final del encuentro.
Con una República Checa totalmente desquiciada y entregada al contragolpe mexicano, el «Tri» tejió una soberbia jugada colectiva que culminó con el tercer zarpazo de la noche, sellando el 3-0 definitivo que desató el delirio absoluto en las tribunas y sentenció una goleada de época.
Blindaje total para lo que viene
Los minutos finales fueron una auténtica fiesta de toques, lujos y «olés». Aguirre movió sus piezas para dosificar el esfuerzo físico, dando juego a Santiago Giménez y amarrando la media cancha con Obed Vargas, cerrando cualquier intento de respuesta de una escuadra europea que terminó eliminada de la justa.
Con el liderato absoluto del Grupo A en la bolsa, México no solo manda un mensaje de autoridad al planeta fútbol; se gana el derecho sagrado de jugar los dieciseisavos de final en su templo, el Estadio Azteca, el próximo martes 30 de junio.
La mesa está puesta, la historia está escrita y este «Tri» invita a soñar en grande.
Redacción Reportaje Veracruzano



