“VERACRUZ NO SERÁ ESPACIO PARA LA DELINCUENCIA”… PERO 12 PRESUNTOS HUACHICOLEROS YA CAMINAN LIBRES: EL GOLPE QUE EXHIBE LAS GRIETAS DEL SISTEMA

Xalapa, Ver.- La frase sonó fuerte. Contundente. Casi como advertencia. “Veracruz no se permitirá como un espacio de oportunidad para la delincuencia”, declaró el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued Bardahuil, tras el escándalo provocado por la liberación de 12 personas detenidas durante un megaoperativo contra el huachicol en Tihuatlán. Pero la pregunta incómoda permanece: si no hay espacio para la delincuencia, ¿por qué un operativo de semejante tamaño terminó derrumbándose en tribunales?
Porque los números son brutales.
Más de 256 mil 828 litros de hidrocarburo asegurados. 20 tractocamiones decomisados. 12 tanques de almacenamiento. 52 cubitanques. Motobombas, plataformas, góndolas, remolques y equipo especializado. Todo esto encontrado en un solo predio en Tihuatlán. Un aseguramiento que, en papel, parece propio de una estructura logística industrial más que de una simple operación clandestina.
Sin embargo, las 12 personas detenidas abandonaron el proceso judicial luego de que un juez federal determinara no vincularlas a proceso y declarara nulas diversas pruebas presentadas por la Fiscalía General de la República. El mensaje es devastador: puedes desplegar un operativo espectacular, movilizar fuerzas federales, asegurar cientos de miles de litros y aun así perder el caso si la integración de las investigaciones falla.
La pregunta ya no es solamente quiénes fueron liberados.
La pregunta es: ¿quién falló?
Porque el huachicol no es un problema menor.
Las cifras nacionales muestran que el robo de combustibles continúa representando uno de los mercados criminales más lucrativos del país. Investigaciones recientes muestran que redes dedicadas al robo y comercialización ilegal llegan a mover millones de litros y miles de millones de pesos, mientras Veracruz sigue apareciendo constantemente dentro de los corredores estratégicos del negocio ilícito.
Y Veracruz conoce demasiado bien ese fenómeno.
La entidad aparece junto con Tamaulipas y Tabasco entre las zonas que concentran buena parte de incidentes relacionados con hidrocarburos, fugas, robo y afectaciones derivadas del manejo ilegal de combustibles.
Por eso el caso Tihuatlán golpea distinto.
Porque cuando una investigación colapsa después de asegurar un cuarto de millón de litros de combustible, el problema deja de ser solamente el crimen organizado.
Se convierte en una crisis institucional.
Ahued defendió la estrategia estatal argumentando que se mantienen cateos, detenciones, capacitación policial, incorporación de cadetes y adquisición de más de 400 patrullas. Asegura que existen avances y que el combate es diario. Pero la realidad es cruel con los discursos: los ciudadanos no miden la seguridad por la cantidad de patrullas compradas; la miden por resultados sostenibles. Y cuando hay decomisos gigantescos acompañados de liberaciones igual de gigantescas, inevitablemente aparece la duda social.
¿Se están golpeando verdaderamente las estructuras criminales o únicamente produciendo operativos mediáticamente espectaculares?
Mientras tanto, en medio de esta tormenta política y judicial, Ahued presentó otra apuesta institucional: el micrositio de Personas Identificadas en Resguardo Temporal, creado junto con colectivos de madres buscadoras, organismos de derechos humanos y autoridades estatales.
Y quizá ahí está la paradoja más dura del Veracruz actual.
Por un lado, madres buscadoras empujando al Estado para encontrar desaparecidos.
Por otro, investigaciones federales incapaces de sostener ante tribunales algunos de los mayores aseguramientos recientes.
La frase fue clara:
“Veracruz no será espacio de oportunidad para la delincuencia”.
Ahora falta demostrarlo fuera de los micrófonos.
Redacción Reportaje Veracruzano



