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REGIDORA DEL PRI: DE LA GRILLA BARATA AL ABANDONO CÍNICO DEL PUEBLO

Poza Rica, Veracruz. En un municipio asfixiado por la inseguridad, la marginación y la desesperanza ciudadana, Blanca Mariana de la Cruz Espino, regidora del PRI, ha decidido que su verdadera vocación no es servir, sino sobrevivir políticamente a costa del erario y la paciencia de los pozarricenses.

Seis meses han transcurrido desde el inicio de la actual administración y la edil ha brillado por su ausencia en las comisiones que le fueron encomendadas: Prevención del Delito, Equidad de Género y Población. Tres frentes estratégicos en una ciudad donde la violencia no da tregua, donde las mujeres enfrentan cotidianamente riesgos que demandan acción real y donde la población vulnerable exige respuestas, no selfies.

En lugar de eso, Blanca de la Cruz ha optado por la grilla barata como modus operandi. Recorridos por colonias, reuniones partidistas y maniobras destinadas a recoger las migajas que quedan del PRI en Poza Rica, todo en vísperas de la renovación de la dirigencia municipal y del proceso electoral del próximo año. Una estrategia tan predecible como decepcionante: convertir el cargo público en plataforma personal para rescatar un partido en ruinas.

Los señalamientos son severos y provienen tanto de actores políticos como de ciudadanos hartos. Mientras Poza Rica clama por autoridades que asuman su responsabilidad en materia de seguridad y prevención, la regidora prioriza “andar haciendo grilla”, según las críticas, incluso utilizando recursos municipales. Un doble pecado: negligencia en el deber y presunto desvío de lo que pertenece a todos.

Peor aún, su llegada a la regiduría ya estaba marcada por la controversia interna. Militantes del PRI recuerdan con amargura cómo fue impuesta como candidata, no por méritos, experiencia o arraigo, sino por su cercanía con el dirigente municipal. Esa decisión, denuncian, abrió heridas profundas y generó divisiones que aún supuran. El mensaje fue claro: en el PRI de Poza Rica, la lealtad personal pesa más que la capacidad.

¿Dónde queda la gente en este cálculo político? ¿Dónde queda el compromiso con las comisiones que juró atender? ¿O es que para Blanca Mariana de la Cruz Espino el cargo es solo un trampolín para seguir escalando en un partido que se hunde, mientras la ciudad paga la factura?

La ciudadanía tiene derecho a exigir cuentas. No se trata de persecución política, sino de exigencia democrática elemental. Una regidora que evade sus responsabilidades mientras el municipio sangra por la inseguridad no merece el fuero ni la nómina: merece el escrutinio más implacable.

Porque gobernar no es hacer grilla. Es dar resultados. Y hasta ahora, Blanca de la Cruz solo ha entregado ausencias, excusas y ambición desbordada.

Redacción Reportaje Veracruzano

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