REGRESAN MILLONES A LAS AULAS, PERO MÉXICO SIGUE REPROBANDO EN LO MÁS IMPORTANTE: EL APRENDIZAJE

El nuevo ciclo escolar arranca con escuelas llenas y una deuda educativa que sigue creciendo: millones de estudiantes están dentro del sistema, pero los resultados revelan que demasiados no están adquiriendo las herramientas básicas para enfrentar su futuro.
Por Mauricio Cuevas Gayosso
Este lunes vuelven las mochilas, los uniformes, los patios llenos, los honores a la bandera y el bullicio que anuncia el comienzo de un nuevo ciclo escolar.
Más de 34 millones de estudiantes regresan a las aulas mexicanas en los distintos niveles educativos. En Veracruz, el regreso involucra a casi 2 millones de alumnas y alumnos, más de 136 mil docentes y alrededor de 25 mil escuelas.
La fotografía del regreso a clases será multitudinaria.
La pregunta, sin embargo, es mucho más incómoda:
¿Cuántos regresan realmente a aprender?
Porque matricular estudiantes no equivale necesariamente a educarlos. Tener millones de niñas, niños y jóvenes sentados frente a un pizarrón no garantiza que puedan comprender un texto, resolver un problema matemático, interpretar información científica o desarrollar las capacidades necesarias para desenvolverse en un mundo cada vez más complejo.
Y los números disponibles obligan a mirar más allá de la ceremonia de inicio.
Los resultados de PISA 2022 colocaron a México muy por debajo del promedio de los países de la OCDE. En matemáticas, el país obtuvo 395 puntos, contra 472 del promedio de la organización.
La brecha también aparece al observar el porcentaje de estudiantes que alcanza siquiera el nivel mínimo de competencia: apenas 34% en México, frente a 69% en el promedio de la OCDE.
En lectura, México obtuvo 415 puntos, mientras que el promedio de la OCDE fue de 476.
En ciencias, el resultado nacional fue de 410 puntos, frente a 485 del promedio internacional.
No son simples números.
Detrás de cada porcentaje hay estudiantes que avanzan de grado sin haber consolidado aprendizajes fundamentales; jóvenes que llegan a etapas superiores arrastrando deficiencias y familias que enfrentan un sistema que no siempre consigue cerrar esas brechas.
Pero existe otro indicador todavía más duro.
Un análisis de la Iniciativa de Educación con Equidad y Calidad del Tecnológico de Monterrey y México Evalúa señala que de cada 100 estudiantes que ingresan a la primaria, únicamente 26 llegan a concluir una licenciatura.
En otras palabras, 74 quedan fuera del camino antes de alcanzar ese nivel educativo.
La cifra obliga a cuestionar una idea que durante años se ha repetido como sinónimo de éxito: que basta con conseguir que los estudiantes permanezcan dentro del sistema.
No basta.
El verdadero reto es que permanezcan, aprendan y tengan posibilidades reales de convertir ese aprendizaje en oportunidades.
Y ahí la responsabilidad no puede depositarse en un solo actor.
Las autoridades educativas tienen la obligación de garantizar infraestructura adecuada, materiales, programas pertinentes, mecanismos confiables de evaluación y una política permanente de formación y actualización docente.
Las familias también tienen una tarea insustituible: acompañar, supervisar y estimular el aprendizaje de sus hijos.
Y el magisterio enfrenta, quizá, uno de los mayores desafíos: recuperar el sentido profundo de enseñar.
Porque educar no debería reducirse a cubrir contenidos o cumplir calendarios.
Enseñar significa conseguir que un estudiante comprenda, razone, pregunte, cuestione, imagine, cree y encuentre soluciones.
También existen señales preocupantes en materia de política educativa.
México Evalúa ha advertido una reducción de 53.4% en el presupuesto destinado al desarrollo profesional docente, mientras que los recursos para evaluar los aprendizajes disminuyeron 73.7% en un año.
La contradicción resulta evidente: se exige mejorar los resultados, pero al mismo tiempo se debilitan herramientas fundamentales para saber qué están aprendiendo los estudiantes y cómo fortalecer la labor de quienes están frente al aula.
Por eso, el regreso a clases debería ser mucho más que una postal institucional.
No debería medirse únicamente por el número de escuelas abiertas, estudiantes inscritos, becas entregadas o uniformes distribuidos.
El indicador decisivo está en otro lugar.
¿Qué aprendieron los estudiantes al terminar el ciclo?
Esa es la pregunta que debería perseguir a todo el sistema educativo.
Porque México no necesita solamente más estudiantes dentro de las aulas.
Necesita estudiantes que comprendan lo que leen, que dominen las matemáticas necesarias para desenvolverse en la vida cotidiana, que entiendan la ciencia, que sepan distinguir información confiable de desinformación y que puedan enfrentar problemas sin esperar siempre una respuesta prefabricada.
Este lunes regresan millones.
Regresan los niños y las niñas.
Regresan los adolescentes.
Regresan los jóvenes.
Pero también regresa una asignatura que México lleva demasiado tiempo reprobando:
aprender a aprender.
El nuevo ciclo escolar apenas comienza. La verdadera evaluación, sin embargo, no ocurrirá este lunes frente a las cámaras.
Llegará meses después, cuando haya que responder una pregunta mucho más difícil:
¿Cuánto aprendieron realmente quienes hoy regresan a las aulas?
Porque el futuro de México no se construye simplemente llenando salones.
Se construye con lo que cada estudiante consigue aprender dentro de ellos.
Redacción Reportaje Veracruzano



