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Baja la percepción de inseguridad, pero siete de cada diez mexicanos todavía consideran inseguro su estado

La percepción de inseguridad en México registró una ligera disminución durante 2026, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) presentada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

El indicador pasó de 75.6 por ciento en 2025 a 74 por ciento en 2026, una reducción de 1.6 puntos porcentuales entre quienes consideran inseguro vivir en su entidad federativa debido a la delincuencia.

El dato representa una mejoría estadística, pero también revela que casi tres de cada cuatro personas adultas continúan percibiendo inseguridad en el estado donde viven.

La lectura del resultado, por ello, requiere cierta cautela: una disminución porcentual no significa que la inseguridad haya desaparecido ni que todos los delitos estén disminuyendo de manera uniforme.

EL MAPA DE LA INSEGURIDAD NO ES IGUAL EN TODO EL PAÍS

La encuesta muestra diferencias considerables entre entidades.

El Estado de México registró la mayor percepción de inseguridad, con 90 por ciento de la población adulta; le siguieron Morelos, con 88.7 por ciento, y Tabasco, con 87.6 por ciento.

En el extremo contrario aparecen Coahuila, con 27.8 por ciento; Yucatán, con 35.5 por ciento, y Aguascalientes, con 41 por ciento.

La distancia entre las entidades con los niveles más altos y más bajos muestra que hablar de “la inseguridad en México” como un fenómeno homogéneo puede ocultar realidades muy distintas.

LA CALLE TAMBIÉN CONSTRUYE LA PERCEPCIÓN

Entre las conductas antisociales observadas con mayor frecuencia por la población aparecen el consumo de alcohol en la vía pública, señalado por 62 por ciento de los entrevistados, y el consumo de drogas, con 50.7 por ciento.

Estas situaciones forman parte del entorno cotidiano que contribuye a la percepción de inseguridad, incluso cuando quien las observa no necesariamente haya sido víctima directa de un delito.

La encuesta también revela que el temor modifica hábitos. Durante 2025, entre las actividades que la población dejó de realizar con mayor frecuencia estuvieron permitir que los menores del hogar salieran solos y salir de noche.

Es decir, la inseguridad no solamente puede medirse por el número de carpetas de investigación: también tiene una dimensión social que se refleja en lo que las personas dejan de hacer por miedo.

FRAUDE Y EXTORSIÓN, ENTRE LOS DELITOS QUE MÁS PESAN

La ENVIPE 2026 identifica al fraude y la extorsión entre los delitos con mayor presencia dentro de la victimización reportada.

La importancia de estos delitos también evidencia una transformación en las formas de afectación a la población. No toda la violencia ocurre mediante asaltos en la calle o agresiones físicas; una parte importante se desarrolla mediante engaños, amenazas y mecanismos de presión económica.

Y existe otro elemento fundamental para interpretar las cifras: la llamada cifra oculta.

La propia metodología de la ENVIPE contempla los delitos que no son denunciados o aquellos que, aun siendo denunciados, no terminan en una carpeta de investigación.

Esto significa que las estadísticas oficiales de denuncias no representan necesariamente la totalidad de los delitos que ocurren.

¿ENTONCES HAY MENOS INSEGURIDAD?

La respuesta no puede reducirse a un simple sí o no.

El INEGI sí registra una disminución en la percepción de inseguridad. El dato es real y representa una variación respecto al año anterior.

Pero también es cierto que 74 por ciento continúa considerando inseguro su estado, mientras que la inseguridad permanece entre las principales preocupaciones de la población.

La propia ENVIPE está diseñada precisamente para observar ambas dimensiones: no solamente la percepción, sino también la victimización, las características de los delitos, la cifra oculta, las experiencias de las víctimas y la confianza en las instituciones.

Por eso, una reducción de 1.6 puntos porcentuales debe interpretarse como una mejoría en el indicador, pero no como evidencia suficiente para concluir que México dejó atrás su problema de inseguridad.

LA CIFRA Y LA CALLE PUEDEN CONTAR DOS HISTORIAS AL MISMO TIEMPO

Para una persona que observa todos los días operativos, homicidios, desapariciones, robos, extorsiones o enfrentamientos en su comunidad, una reducción nacional de 1.6 puntos puede parecer distante de su experiencia cotidiana.

Y ahí está precisamente uno de los retos para interpretar las estadísticas.

Una encuesta nacional trabaja con una muestra probabilística de más de 102 mil viviendas, cuyos resultados se generalizan estadísticamente a la población.

La experiencia de un ciudadano, en cambio, está determinada por lo que ocurre en su colonia, municipio, estado y entorno inmediato.

Ambas realidades pueden coexistir.

México puede registrar una reducción nacional en la percepción de inseguridad y, al mismo tiempo, mantener regiones donde el miedo continúa siendo parte de la vida cotidiana.

VERACRUZ, UN DATO QUE TAMBIÉN DEBE MIRARSE CON CUIDADO

La discusión adquiere particular relevancia en entidades como Veracruz, donde la percepción nacional no necesariamente refleja lo que ocurre en cada municipio.

De acuerdo con datos derivados de la ENVIPE 2026, Veracruz aparece entre las entidades con menor prevalencia delictiva estimada, con 14 mil 171 víctimas por cada 100 mil habitantes, aunque ese indicador corresponde a victimización y no debe confundirse con percepción de inseguridad.

Esa diferencia es importante.

Una persona puede no haber sido víctima directa de un delito y, sin embargo, sentirse insegura debido a noticias, acontecimientos cercanos, presencia de grupos criminales, conductas antisociales observadas o experiencias de familiares y vecinos.

Por eso, percepción, victimización y denuncias son indicadores distintos.

UN DESCENSO QUE NO PERMITE BAJAR LA GUARDIA

Los resultados de la ENVIPE 2026 ofrecen un dato favorable: la percepción de inseguridad disminuyó.

Pero el mismo estudio deja sobre la mesa una realidad que no puede ignorarse: 74 por ciento de la población adulta todavía considera inseguro vivir en su entidad.

La discusión, entonces, no debería centrarse únicamente en celebrar o cuestionar una cifra.

El verdadero desafío consiste en determinar si esta tendencia descendente se mantiene, si la victimización también disminuye, si mejora la denuncia, si aumenta la confianza en las autoridades y, sobre todo, si las personas comienzan a modificar menos sus actividades por miedo.

Porque una estadística puede mostrar una tendencia positiva.

Pero la verdadera prueba de una política de seguridad ocurre cuando el ciudadano puede salir de noche, permitir que sus hijos salgan solos, utilizar el transporte público y regresar a casa sin sentir que está asumiendo un riesgo.

Por ahora, la ENVIPE muestra una reducción.

La realidad nacional, sin embargo, todavía está lejos de permitir hablar de un problema resuelto.

Redacción Reportaje Veracruzano

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