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¿Y LAS CUENTAS? Miguel Ángel Zumaya vuelve a poner la mano sobre las cuotas de la ESBO No. 8

Padres de familia cuestionan que, tras ocupar la vicepresidencia y posteriormente la presidencia de la APF, permanezcan pendientes informes financieros detallados; ahora señalan que una cuenta bancaria a su nombre habría sido utilizada para recibir aportaciones del nuevo ciclo escolar.

Poza Rica, Ver.- En la Escuela Secundaria y de Bachilleres Oficial No. 8 “Emiliano Zapata” hay una pregunta que sigue sin respuesta y que ahora adquiere mayor peso: ¿dónde están las cuentas detalladas del dinero aportado por los padres de familia?

El nombre de Miguel Ángel Zumaya Román vuelve a aparecer en el centro de la controversia por el manejo de las cuotas escolares, después de haber ocupado primero la vicepresidencia y posteriormente la presidencia de la Asociación de Padres de Familia (APF), mientras padres de familia aseguran que permanecen pendientes informes financieros que permitan conocer con precisión cuánto dinero ingresó, cuánto se gastó, en qué se gastó y cuál fue el saldo de los recursos administrados.

El problema, según los inconformes, no es menor ni puede reducirse a una diferencia administrativa.

Se trata del dinero que las propias familias entregaron para atender necesidades de la comunidad escolar.

Durante el ciclo 2024-2025, cuando Zumaya Román fungió como vicepresidente de la APF, se presentó un informe de actividades, pero —de acuerdo con los señalamientos de padres de familia— no un reporte financiero detallado que transparentara los movimientos económicos de la asociación.

Después llegó el ciclo 2025-2026 y Zumaya asumió la presidencia.

Las familias realizaron aportaciones de mil 900 pesos por alumno, mientras que en el caso de los estudiantes de tercer grado el monto ascendió a 2 mil 50 pesos, incluidos 150 pesos adicionales destinados a la renta de un salón para la ceremonia de graduación.

Y nuevamente, según los padres inconformes, la rendición financiera detallada continúa pendiente.

Aquí es donde la historia comienza a adquirir un giro particularmente incómodo.

Porque mientras las cuentas de los periodos anteriores siguen siendo reclamadas, el manejo de las nuevas aportaciones habría vuelto a quedar relacionado con Zumaya Román.

De acuerdo con documentación bancaria que, según los padres, se encuentra en su poder, una cuenta a nombre de Miguel Ángel Zumaya habría sido utilizada para recibir depósitos correspondientes al nuevo ciclo escolar.

La situación cobra todavía mayor relevancia a la luz de la minuta de la reunión celebrada el 29 de julio de 2026, donde quedó asentado que el presidente de la APF compartió un número de cuenta para efectuar las contribuciones y que estaba pendiente la designación del nuevo tesorero para convertirla en una cuenta mancomunada.

La pregunta resulta inevitable: si todavía existen cuentas anteriores que los padres reclaman, ¿por qué el dinero nuevo vuelve a quedar asociado a la misma persona?

Cambio de dirección y decisiones bajo cuestionamiento

Los padres también cuestionan las circunstancias en las que se determinaron las nuevas cuotas.

Con el cambio en la dirección del plantel, la subdirectora Elizabeth Montes asumió la dirección como encargada. Según los señalamientos recibidos, en una reunión en la que participaron la propia funcionaria, tres padres de familia y una secretaria, se habrían acordado las nuevas cuotas sin realizar una asamblea general de padres de familia.

La situación provocó inconformidad entre integrantes de la comunidad escolar.

Algunos padres optaron por no depositar directamente en la cuenta señalada y solicitaron realizar sus aportaciones en ventanilla de la escuela, mientras otros decidieron esperar hasta que se presenten los informes financieros pendientes antes de entregar su cooperación.

El conflicto, por tanto, ya no gira únicamente alrededor de una cuenta bancaria.

Gira alrededor de algo mucho más elemental: la confianza.

Cuando las familias aportan recursos, tienen derecho a saber quién los administra, cuánto se recauda, dónde se deposita, quién autoriza los gastos, qué comprobantes existen y cuánto dinero queda disponible.

No basta con informar que se realizaron actividades.

El dinero necesita números, comprobantes y transparencia.

La contradicción que exige respuestas

La trayectoria de Zumaya dentro de la APF deja una secuencia difícil de ignorar: primero vicepresidente, después presidente y ahora nuevamente relacionado con la recepción de las aportaciones, mientras permanecen pendientes las cuentas detalladas de los periodos en los que tuvo responsabilidad dentro de la asociación.

Y aquí está el verdadero punto de quiebre.

No se trata solamente de cuánto dinero se recaudó, sino de quién lo administró, cómo se ejerció y por qué, antes de aclarar plenamente lo anterior, vuelve a aparecer en el manejo de lo nuevo.

Hasta ahora, la información disponible no acredita por sí misma la comisión de algún delito y sería irresponsable afirmarlo. Lo que sí existe es un cuestionamiento documentado por padres de familia sobre transparencia y rendición de cuentas, que merece una explicación clara de quienes hayan tenido responsabilidad sobre esos recursos.

Porque las cuotas no pertenecen a una persona.

Pertenecen a las familias que las entregaron.

Por eso la exigencia resulta tan sencilla como contundente:

Primero las cuentas. Después el cargo. Y después el dinero.

Porque quien todavía tiene pendiente explicar detalladamente qué ocurrió con las cuotas que administró anteriormente no debería ser nuevamente el centro del manejo de las aportaciones hasta que las familias tengan claridad sobre los recursos.

En la ESBO No. 8, la pregunta ya está sobre la mesa y no necesita adornos:

¿Dónde está el dinero, en qué se gastó y quién va a rendir cuentas?

Porque cuando se trata del dinero de los padres de familia, la transparencia no es un favor: es una obligación.

Redacción Reportaje Veracruzano

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