Alerta Roja

Sangre veracruzana en el fango de la guerra: El último adiós a Jorge y Saúl

La caída del «Mencho» no fue gratuita; se pagó con la vida de dos jóvenes del norte de Veracruz que hoy regresan en ataúdes, convertidos en mártires de un México que no deja de sangrar.

Mientras la política se cuelga medallas y las organizaciones internacionales hablan de «eventos seguros», en las tierras de Tamalín y Zontecomatlán el aire pesa. El operativo contra Nemesio Oseguera Cervantes no fue solo una cifra de detenidos o un boletín triunfalista; fue la carnicería que le arrebató la existencia a 25 elementos de la Guardia Nacional. Entre ellos, dos nombres que hoy arden en el corazón de Veracruz: Jorge Hernández Piedad y Saúl Guzmán Martínez.

Saúl tenía apenas 21 años. Una vida que apenas comenzaba y que terminó abruptamente en el estruendo de las balas en Jalisco. Originario de El Mamey, representa la cruda realidad de una juventud que encuentra en el uniforme la única vía de servicio, solo para ser devorada por la violencia estructural. Jorge, desde Tamalín, entregó su último aliento en cumplimiento de un deber que hoy lo devuelve a casa bajo los honores fúnebres de la Sedena, una ceremonia que intenta, sin éxito, llenar el vacío atroz que dejan en sus hogares.

Es visceral el contraste: mientras en un estadio de Querétaro se entonaba el himno nacional frente a miles de espectadores y las cámaras de televisión, las familias de estos oficiales enfrentan el silencio definitivo de la ausencia. La narrativa oficial celebra que «México es más seguro hoy», pero para las comunidades del norte de Veracruz, el costo de esa seguridad tiene nombres, apellidos y rostros jóvenes que no volverán a ver el sol. La caída del imperio del CJNG deja un rastro de luto que no se borra con discursos de gabinete ni minutos de silencio protocolarios.

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