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RÍO BLANCO: CUANDO EL PODER MIENTE Y LA REALIDAD RESPONDE CON MUERTE

Río Blanco, Veracruz.— La verdad terminó por derrumbar, en cuestión de horas, el discurso oficial del alcalde panista José Antonio May González. Lo que intentó sepultar con un comunicado institucional —calificando como “información sin sustento” el secuestro de cuatro personas— emergió con la crudeza de los hechos confirmados: tres mujeres y el empresario Juan Iván Pérez Romero fueron privados de la libertad durante 13 días… y asesinados.

El intento de negar la tragedia no solo exhibe una desconexión alarmante entre el gobierno municipal y la realidad que viven sus ciudadanos; revela algo más profundo: la peligrosa tentación del poder local de manipular la narrativa cuando la violencia toca demasiado cerca… incluso a unos metros de casa.

Porque no se trataba de rumores lejanos. Los hechos ocurrieron en una colonia próxima al entorno del propio alcalde. Aun así, optó por desacreditar versiones, pedir silencio social y colocar la duda sobre quienes alertaban del crimen. La estrategia duró apenas un día.

La Fiscalía General del Estado confirmó lo que el Ayuntamiento negó: los secuestros existieron, las víctimas fueron asesinadas y ya hay al menos dos detenidos. La respuesta oficial posterior fue un intento de repliegue: argumentar que “nadie les informó” por la secrecía de la investigación. Una explicación débil que abre más preguntas de las que pretende cerrar.

¿Por qué otras autoridades sí tenían conocimiento? El contraste es inevitable. El alcalde de Orizaba, Hugo Chahín Kuri, manejó el tema con cautela y sin desmentidos precipitados. La diferencia no es menor: mientras uno eligió la prudencia, el otro apostó por negar… y perdió.

Este episodio no es solo un error de comunicación. Es una falla política grave en un contexto donde la confianza institucional está erosionada por la violencia, la impunidad y el miedo. Negar un crimen de alto impacto no protege a la población; la desarma. La deja sin herramientas para dimensionar riesgos y sin certezas sobre quién está realmente del lado de la verdad.

La narrativa del “fake” se volvió en contra del propio alcalde. Hoy, el único dato comprobado es que la información falsa salió desde el poder municipal. Y eso, en un estado como Veracruz, donde la violencia exige claridad y firmeza, no es un desliz menor: es una irresponsabilidad que puede costar más que credibilidad.

Río Blanco no necesita comunicados que maquillen la realidad. Necesita autoridades que la enfrenten. Porque cuando el gobierno miente, la violencia no desaparece… solo se vuelve más peligrosa.

Redacción Reportaje Veracruzano

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