Madres que buscan entre el abandono: Veracruz y la herida que el Estado no logra cerrar

En la penumbra de una velada realizada frente al Monumento a la Madre en Xalapa, las voces de las madres buscadoras volvieron a sacudir la conciencia pública de Veracruz. No hubo discursos oficiales ni promesas de ocasión; hubo reclamos, dolor acumulado y una frase que resumió años de ausencia institucional: “Cuando el poder no busca, las madres cavan”.
Integrantes del colectivo Colectivo Buscando a Nuestros Desaparecidos y Desaparecidas Veracruz acusaron al Estado de abandonar a miles de familias que, ante la falta de respuestas, han tenido que convertirse en investigadoras, rastreadoras y peritos improvisados para encontrar a sus seres queridos. En un país que supera las 135 mil personas desaparecidas, denunciaron, las autoridades continúan reaccionando tarde, lento o simplemente ausentes.
La indignación del colectivo no solo se centra en la tragedia humana, sino en el desgaste físico, económico y emocional que enfrentan quienes buscan. Expusieron que las familias deben costear gasolina, alimentos, herramientas y hasta gestionar la presencia de funcionarios cuando se localizan restos humanos. La burocracia —afirman— se ha convertido en otro muro para quienes ya viven atrapados en el dolor.
El señalamiento golpea particularmente a Veracruz, una entidad marcada durante años por el horror de las fosas clandestinas y la crisis forense. Tan solo en el primer trimestre de 2026, se reportaron 112 desapariciones en territorio veracruzano, una cifra que mantiene encendidas las alarmas entre colectivos y organismos defensores de derechos humanos.
Las madres buscadoras también advirtieron sobre la localización de fosas clandestinas en cementerios municipales, una revelación que profundiza la desconfianza hacia las instituciones encargadas de procurar justicia. Recordaron además que en el Panteón Palo Verde permanecen 260 cuerpos sin identificar, símbolo de un sistema forense rebasado y de expedientes humanos atrapados en el anonimato.
La escena frente al monumento no fue únicamente una protesta: fue una denuncia contra la normalización de la tragedia. Mientras las madres encendían veladoras y sostenían fotografías de sus desaparecidos, el mensaje era claro: en Veracruz, la búsqueda sigue descansando más en la resistencia de las familias que en la capacidad del Estado.
“No pedimos caridad. Pedimos justicia”, reclamaron las integrantes del colectivo, exigiendo recursos reales para búsqueda e identificación, así como el fin de las trabas administrativas que, aseguran, convierten cada diligencia en una batalla contra el propio sistema.
En un estado donde las desapariciones dejaron de ser estadística para convertirse en una herida social permanente, las madres buscadoras volvieron a recordar una verdad incómoda: mientras las instituciones fallan, son las familias quienes siguen cavando entre el miedo, la tierra y el silencio.
Redacción Reportaje Veracruzano



