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Aluminium: la chatarrera que vuelve la basura en lingotes de aluminio contamina a Poza Rica con cáncer y muerte

Poza Rica de Hidalgo, Veracruz.— En el corazón comercial del norte del estado, donde la central de abastos mueve toneladas de mercancía todos los días, también se estaría gestando una crisis ambiental que nadie quiere tocar. La empresa Aluminium S.A. de C.V., antes conocida como Alumm Gar y JN Steel, propiedad de Jesús Nava, sigue operando bajo una sombra cada vez más densa: la de la contaminación, la enfermedad… y la sospecha de impunidad.

La mecánica es conocida por quienes viven y trabajan en la zona: fundición de aluminio a partir de chatarra mediante procesos que liberan humo, partículas y residuos potencialmente peligrosos. El aire se vuelve pesado, el olor es penetrante y la exposición es constante. Pero más allá de lo visible, lo que preocupa es lo invisible: lo que se respira, lo que se acumula en el cuerpo, lo que enferma.

Toneladas de escoria tóxica y cancerígena fueron arrastrados por la corriente de Río Cazones, este componente letal se encontraba en las bodegas de Jesús Nava, cuando la inundación se llevó todo a su paso el 10 de octubre del 2025.



Trabajadores —muchos sin seguridad social ni prestaciones de ley— han reportado afectaciones a la salud. No se trata de casos aislados: hay antecedentes de enfermedades respiratorias, padecimientos crónicos e incluso señalamientos de cáncer, en un entorno donde las condiciones laborales y ambientales parecen no estar reguladas con el rigor que la ley exige.

Sin embargo, hay un elemento que agrava aún más el panorama y que abre una interrogante incómoda:
Inspectores de la Procuraduría del Medio Ambiente y de la SEMARNAT han acudido en múltiples ocasiones a estas instalaciones.

Van. Revisan. Observan.

Y no pasa nada.

Ninguna clausura. Ninguna sanción ejemplar. Ninguna acción que corresponda a la gravedad de las denuncias. La operación continúa como si nada. Como si el aire no estuviera cargado. Como si los trabajadores no enfermaran. Como si la ley fuera opcional.

La sospecha es inevitable: ¿qué está ocurriendo realmente en esas inspecciones?

El antecedente más alarmante se remonta a la inundación del 10 de octubre de 2025. En bodegas vinculadas a esta empresa, ubicadas en la misma zona de la central de abastos, se almacenaban residuos de escoria de aluminio, un subproducto industrial con componentes altamente tóxicos y potencialmente cancerígenos.

Cuando el agua arrasó con la zona, también se llevó ese material.

La escoria fue dispersada por la corriente, contaminando el río Cazones y extendiéndose hacia las costas del norte de Veracruz. Un evento de proporciones ambientales graves que, hasta hoy, no ha sido esclarecido públicamente ni investigado con la profundidad que amerita.

¿Se evaluó el impacto en el agua?

¿Se alertó a la población?

¿Se responsabilizó a alguien?

Nada.

El silencio institucional no solo preocupa: indigna.

Porque mientras las autoridades visitan y se retiran sin consecuencias, la población sigue expuesta. Mientras los sellos de inspección no se traducen en acciones reales, la sospecha de complicidad crece.

Esto no es menor. Es un posible caso donde convergen contaminación ambiental, riesgos a la salud pública, violaciones laborales y una aparente tolerancia oficial que raya en la negligencia.

Poza Rica no necesita más visitas protocolarias.

Necesita respuestas. Necesita acciones. Y sobre todo, necesita que alguien, por fin, haga lo que hasta ahora nadie ha querido hacer: detener lo que podría convertirse en una tragedia ambiental de largo alcance.

Redacción Reportaje Veracruzano

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