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Del púlpito de la moral al lodazal del escándalo: Atanasio García Durán, el patriarca incómodo que hoy pretende juzgar a Veracruz

Xalapa, Ver.— Cuando el descrédito toca la puerta, algunos optan por el silencio. Otros, por el ataque. Y eso parece haber ocurrido con Atanasio García Durán, padre del exgobernador Cuitláhuac García Jiménez, quien en medio de los señalamientos por presunta corrupción, desvío de recursos y abuso de poder durante el sexenio anterior, decidió reaparecer públicamente no para rendir cuentas, sino para arremeter contra la gobernadora Rocío Nahle García.

El exdocente universitario lanzó una frase que encendió la pólvora política: calificó como un error haber elegido a Nahle por ser “foránea”, asegurando que Veracruz no puede ser gobernado por alguien ajeno a la entidad. Sin embargo, la crítica no tardó en volverse un boomerang brutal, pues detrás de sus palabras resurgió un historial que durante años fue señalado en voz baja, pero que hoy vuelve a retumbar con fuerza: acusaciones de presunto acoso sexual, violencia contra alumnas, influyentismo familiar, fraude académico y hasta episodios oscuros de tragedias familiares silenciadas.

La periodista Claudia Guerrero Martínez expuso nuevamente una serie de denuncias que persiguieron durante años a García Durán desde su paso por la Universidad Veracruzana. Según su columna, el académico era ampliamente repudiado por alumnas de la Facultad de Humanidades, donde se le señalaba por hostigamiento, manipulación y presuntas agresiones sexuales.

Las versiones más delicadas apuntan a jóvenes que habrían sido engañadas, violentadas e incluso embarazadas por el profesor, sin que este reconociera legalmente a los hijos nacidos fuera del matrimonio. Algunas de esas mujeres, según la periodista, buscaron denunciar públicamente los hechos, pero durante el gobierno de Cuitláhuac García fueron presuntamente intimidadas con amenazas graves, incluyendo desaparición o muerte, obligándolas al silencio bajo el peso del miedo institucional.
La sombra no termina ahí.

También se documenta que Atanasio García Durán habría recibido un presunto doctorado irregular otorgado por la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, una maniobra que habría servido para inflar su perfil académico y garantizar una jubilación más alta, en un acto que, de comprobarse, representaría un fraude directo contra la educación pública y contra los propios contribuyentes veracruzanos.

Mientras miles de maestros luchan por pensiones dignas, el patriarca del clan García habría utilizado el sistema para servirse a sí mismo.

La red familiar tampoco pasó desapercibida. Durante el sexenio de Cuitláhuac, diversos integrantes del círculo cercano fueron colocados estratégicamente en posiciones clave dentro de la Secretaría de Educación, la Oficina del Gobernador y los Servicios de Salud de Veracruz, consolidando una estructura de poder donde el apellido pesaba más que la capacidad.

El retrato se vuelve todavía más perturbador con la revelación de una tragedia ocurrida en la colonia Progreso de Xalapa, donde una prima de la familia murió por broncoaspiración dentro de una propiedad de Atanasio García Durán. Según la versión difundida, el entonces poderoso entorno familiar habría guardado silencio sobre el caso, mientras se señalaba que el estado de ebriedad del exmandatario habría impedido prestar auxilio oportuno.

Y como si el expediente no bastara, también resurgen señalamientos sobre presuntas operaciones mediáticas para presionar intereses económicos, como ocurrió con las protestas contra Granjas Carroll en Perote, que habrían terminado abruptamente tras supuestas negociaciones políticas durante el gobierno de Fidel Herrera Beltrán.

Hoy, mientras el Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Veracruz y su titular Delia González Cobos exponen presuntas irregularidades financieras, saqueo y malversación de recursos públicos heredados por la pasada administración, la reaparición de Atanasio no parece una defensa ideológica, sino una reacción de supervivencia política.

Porque cuando comienzan a prepararse carpetas de investigación y el fantasma de posibles órdenes de aprehensión ronda al círculo cercano del cuitlahuismo, los discursos de superioridad moral pierden fuerza y se convierten en desesperación.

La pregunta ya no es por qué Atanasio García Durán atacó a Rocío Nahle.

La verdadera pregunta es qué tanto teme lo que está por venir.

Porque en Veracruz, cuando los viejos caciques empiezan a gritar, muchas veces no es por convicción… sino porque sienten que la puerta de la justicia finalmente está por abrirse.

Redacción Reportaje Veracruzano

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