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DERRAME “CONTROLADO”, RIESGO LATENTE: LA RUTINA TÓXICA QUE NADIE DETIENE EN POZA RICA Y COATZINTLA

Poza Rica–Coatzintla, Ver. — La escena ya no sorprende, pero sí indigna: lluvias intensas, escurrimientos contaminados y la presencia de hidrocarburo en cuerpos de agua. Esta vez, el episodio volvió a repetirse tras las precipitaciones del 13 de abril, cuando trazas de aceite aparecieron en arroyos de la región. La respuesta institucional no tardó en llegar: Petróleos Mexicanos aseguró que el derrame ha sido “contenido”.

Sin embargo, más allá del comunicado, el fondo del problema sigue sin resolverse.

El aceite fue detectado en el arroyo Hueleque, en zonas urbanas de Poza Rica, así como en la comunidad Benito Juárez, en Coatzintla. De acuerdo con la versión oficial, el fenómeno se originó por el rebase de cárcamos naturales y el arrastre de residuos desde instalaciones petroleras en mantenimiento. Es decir, una combinación de factores naturales y operativos que, en teoría, deberían estar previstos.



Las acciones desplegadas —limpieza, monitoreo e instalación de barreras oleofílicas— forman parte de un protocolo conocido. A la par, la Comisión del Agua del Estado de Veracruz suspendió el suministro para evitar riesgos sanitarios, afectando durante horas a la población. El servicio fue restablecido el mismo día, pero con una precisión inquietante: aún persisten manchas de aceite en zonas cercanas a puntos de captación.

Ahí es donde la narrativa oficial pierde fuerza.
Porque el problema no radica únicamente en este derrame, sino en su recurrencia. En los últimos meses, eventos similares han obligado a suspender el suministro de agua potable en repetidas ocasiones. En noviembre de 2025, la interrupción se extendió por más de dos días; en junio del mismo año, la historia fue casi idéntica. En ninguno de esos casos se ofrecieron explicaciones técnicas de fondo que despejaran las dudas sobre el origen real de las fugas.
Lo que se presenta como contingencia comienza a perfilarse como patrón.

El señalamiento hacia las lluvias como detonante inmediato resulta insuficiente si no se acompaña de una revisión profunda de la infraestructura y los protocolos de prevención. En una región históricamente ligada a la industria petrolera, la repetición de estos eventos plantea una interrogante legítima sobre las condiciones en que operan ductos, cárcamos y sistemas de contención.

Hoy, la emergencia ha sido declarada bajo control. Pero el control no implica solución definitiva.
La población vuelve a abrir las llaves, mientras la confianza permanece bajo presión. La autoridad vigila, Pemex monitorea y los arroyos siguen siendo el primer termómetro de lo que ocurre bajo tierra.

Porque cuando los derrames se vuelven recurrentes, dejan de ser accidentes aislados. Y cuando las respuestas se limitan a contener sin explicar, la incertidumbre se convierte en el verdadero contaminante.

Redacción Reportaje Veracruzano

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