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ECOCIDIO EN CAZONES: PECES MUERTOS, RÍO CONTAMINADO Y UN ALCALDE QUE CALLÓ CUANDO DEBÍA ACTUAR

Cazones de Herrera, Ver.— El río Cazones se convirtió en un cementerio acuático mientras la autoridad municipal guardaba silencio. Cientos de peces y jaibas muertos flotan a lo largo de al menos dos kilómetros, desde Bajo Grande hasta la balsa “Paquita”, en un desastre ambiental que exhibe no solo contaminación por hidrocarburos, sino una alarmante falta de reacción del gobierno encabezado por Humberto Olvera.

Protección Civil confirmó la mortandad tras recorridos donde incluso se localizaron envases con residuos aceitosos. La hipótesis de un derrame cobra fuerza, sobre todo por antecedentes recientes en Poza Rica y Coatzintla. Pero mientras el veneno avanzaba por el afluente, no hubo alertas oportunas, ni llamados preventivos, ni una estrategia visible para proteger a la población.

Y es ahí donde la responsabilidad recae directamente en el alcalde Humberto Olvera.

Porque este desastre no comenzó el día en que aparecieron los peces muertos. Hubo señales previas: manchas en el agua, olores anormales, cambios evidentes que los propios habitantes detectaron. ¿Por qué no se actuó? ¿Por qué no se informó? ¿Por qué se permitió que pescadores y familias siguieran expuestos a un río contaminado?

Hoy, el gobierno municipal pide a la ciudadanía que aporte fotos y videos para integrar un expediente, como si la obligación de documentar el ecocidio recayera en quienes están siendo afectados. La reacción institucional llega tarde y mal, cuando el daño ambiental, económico y sanitario ya es irreversible.

La restricción al sector pesquero fue emitida cuando el río ya estaba colapsado. La vigilancia se activó cuando el desastre era imposible de ocultar. Y los dictámenes oficiales siguen en espera, mientras la incertidumbre crece entre la población.
La gestión de Humberto Olvera queda marcada por la omisión.

Porque en medio de una crisis ambiental de esta magnitud, callar no es prudencia: es irresponsabilidad. No informar no es estrategia: es negligencia. Y no actuar a tiempo no es un error menor: es una falla grave de gobierno.

El río Cazones hoy arrastra más que contaminación. Arrastra la evidencia de una administración que no supo —o no quiso— responder. Y mientras los peces muertos siguen apareciendo, también crece una exigencia clara: que alguien asuma la responsabilidad.
Porque el daño ya está hecho. Pero el silencio, ese, también cuenta. Y tiene nombre: Humberto Olvera.

Redacción Reportaje Veracruzano

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