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“Ahorita te subo”: indignación en Veracruz tras humillación a hombre en silla de ruedas; operador de Ulúa ya fue despedido

La escena duró apenas unos segundos, pero bastó para desatar una ola de indignación en la zona conurbada de Veracruz–Boca del Río. Un operador del sistema de transporte Ulúa quedó exhibido en video luego de negarle el acceso a un hombre con discapacidad motriz que intentaba abordar la unidad en el fraccionamiento Costa Verde.

El hecho ocurrió sobre la avenida Adolfo Ruiz Cortines, casi esquina con Juan Pablo II, en el municipio de Boca del Río. En las imágenes, difundidas ampliamente en redes sociales, se escucha al conductor decir “ahorita te subo”, mientras el hombre en silla de ruedas espera frente al autobús. Segundos después, el operador acelera y se pasa incluso la luz roja del semáforo, dejando atrás al ciudadano que intenta alcanzarlo desesperadamente.

La grabación provocó una inmediata reacción social no solo por la conducta del chofer, sino también por la actitud de quien captó el momento, pues en lugar de auxiliar al hombre afectado, se escucha entre risas mientras documenta la escena.

Horas después de que el video comenzara a viralizarse, trascendió que el operador ya fue despedido.

El caso golpea directamente la imagen del sistema Ulúa, un modelo de transporte impulsado por el Gobierno de Veracruz como símbolo de modernización y movilidad digna en la conurbación Veracruz–Boca del Río. En meses recientes, autoridades estatales habían presumido la capacitación de conductores y la intención de fortalecer la accesibilidad para personas con discapacidad.

Paradójicamente, uno de los puntos que más había sido mencionado por usuarios y autoridades era precisamente la necesidad de mejorar el acceso y trato hacia personas con movilidad reducida.

La indignación pública no se centra únicamente en un conductor. El video volvió a poner sobre la mesa una discusión incómoda: la discapacidad en México sigue enfrentándose no solo a barreras físicas, sino también a la indiferencia cotidiana.

Porque el problema no fue únicamente que un autobús arrancara.

El verdadero problema fue que, por unos segundos, la empatía también pareció quedarse detenida en el semáforo.

Redacción Reportaje Veracruzano

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