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NAHLE ENTREGA LA EDUCACIÓN DE VERACRUZ A LA FANÁTICA DE MADURO: RAQUEL BONILLA, LA MENOS INDICADA, ASUME LA SEV

Xalapa, Veracruz, 27 de julio de 2026. Rocío Nahle acaba de cometer un error que no se olvida fácil. En un movimiento anunciado con el tono habitual de “continuidad y diálogo”, la gobernadora sacó a Claudia Tello Espinosa de la Secretaría de Educación de Veracruz y puso en su lugar a Raquel Bonilla Herrera, sin siquiera haber terminado sus estudios, ya que no tiene cédula profesional. La misma Bonilla que, cuando fue diputada federal por el distrito V (Poza Rica-Coatzintla-Tihuatlán), se limitó a aparecer en eventos para la foto mientras su tierra seguía esperando gestiones reales. La misma que pasó de “vaquerita de forajidos” a senadora suplente y ahora a secretaria de Educación. Y, sobre todo, la misma que ha exhibido públicamente su admiración ideológica por Nicolás Maduro, el hombre que hoy enfrenta cargos de narcoterrorismo y tráfico de cocaína en una corte federal de Estados Unidos.

El anuncio oficial es limpio y políticamente correcto: Tello “pidió permiso” para regresar al Senado y respaldar la agenda de Claudia Sheinbaum; Bonilla acepta “con responsabilidad” y promete diálogo con el magisterio y continuidad institucional. Nahle habla de la educación como eje estratégico. Todo muy 4T. Lo que no dice el comunicado es que se está colocando al frente de la dependencia que forma a cientos de miles de niños y jóvenes veracruzanos a una política cuya principal carta de presentación es la lealtad ciega a un régimen señalado por autoritarismo, crisis humanitaria y, ahora, por los tribunales estadounidenses.

Bonilla no es una desconocida en la zona norte. Originaria de Coatzintla, fue diputada federal por Morena en dos periodos (2018-2024). En ese tiempo, las críticas locales fueron constantes: oficina de enlace casi siempre vacía, informes legislativos a puerta cerrada con familiares y amigos, ausencia de iniciativas trascendentales que beneficiaran a Poza Rica o Coatzintla, y una presencia pública reducida a selfies y mitines. Periodistas locales la acusaron de ser “candil de la calle y oscuridad de su distrito”. Ahora esa misma figura llega a dirigir la SEV.

Su historial con Maduro no es un desliz aislado. En 2022, siendo diputada, presumió fotografía y reunión con el mandatario venezolano dentro del “Grupo de Amistad Parlamentaria México-Venezuela”. En enero de 2026, ya senadora, publicó mensajes de “solidaridad total” con el “gobierno constitucional” de Maduro tras la operación estadounidense que terminó con su detención. Habló en nombre de “México y su pueblo de Poza Rica”. ¿Quién le dio ese mandato? ¿En qué consulta ciudadana de Poza Rica se decidió respaldar a un régimen que ha generado éxodo masivo, censura y colapso económico? Nadie. Fue una apropiación indebida de la voluntad colectiva, propaganda pura disfrazada de representación popular. Los posts generaron rechazo y varios fueron borrados. La historia, sin embargo, no se borra.

Maduro no es un “líder progresista” de la patria grande. Es un procesado por conspiración para cometer narcoterrorismo, importación de cocaína a Estados Unidos y posesión de armamento de guerra. Su juicio está fijado para 2027 y enfrenta posible cadena perpetua. Que una funcionaria mexicana que ahora tendrá en sus manos el sistema educativo de Veracruz haya defendido públicamente a ese personaje debería generar, como mínimo, una pregunta incómoda: ¿qué tipo de valores y modelo de “soberanía” se pretende transmitir desde la SEV?

Hay más. Mientras Tello regresa al Senado, se menciona que su nieta permanece como diputada plurinominal en el Congreso de Veracruz, cobrando un sueldo cercano a los cien mil pesos mensuales. Bonilla, por su parte, llega a enfrentar lo que deje la administración anterior: denuncias de desfalcos, corrupción y nepotismo que circulan en el ambiente político local. La continuidad institucional de la que habla puede significar, en la práctica, heredar problemas estructurales con alguien cuya principal experiencia es la militancia y la lealtad de grupo, no la gestión educativa de alto nivel.

Nahle se equivocó esta vez. Entregar la educación de un estado a quien ha demostrado más afinidad por un dictador procesado que por los problemas cotidianos de su propio distrito no es un acierto político. Es una señal de que el criterio de selección sigue siendo la lealtad personal y la afinidad ideológica, no la capacidad, la trayectoria limpia ni el compromiso real con los veracruzanos.

Poza Rica y Coatzintla ya conocen a Raquel Bonilla. Ahora todo Veracruz la tendrá al frente de la SEV. La pregunta que queda flotando es brutal y necesaria: ¿quién autorizó a esta mujer a hablar por un pueblo y, ahora, a formar a sus hijos? La historia, como ella misma debería saber, es implacable con quienes se fotografiaron sonriendo junto a los que después terminaron en el banquillo.

Por Marco Antonio Palmero Alpirez

Reportaje Veracruzano

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