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El títere de Coatzintla: Jorge Alanís abandona la vía a Poza Rica mientras su familia acapara el poder y los ciudadanos pagan con llantas reventadas

Coatzintla, Veracruz | Miércoles 12 de agosto de 2026.

En el bulevar que une Coatzintla con Poza Rica, en plena colonia Adolfo López Mateos, la “obra de mejoramiento” se convirtió en una trampa de escombros, baches y piedra suelta. Al menos tres vehículos y dos motocicletas ya registran neumáticos destruidos. No hay señalización digna de ese nombre. De noche, el tramo es una ruleta rusa. Y el alcalde Jorge Alanís Monterrubio, el hombre que debería responder, guarda un silencio que huele a comodidad familiar.

Los afectados no preguntan por una disculpa. Preguntan quién paga. Preguntan por qué una intervención que debía mejorar la circulación se dejó a medias, con material de construcción abandonado como si la vía pública fuera el patio trasero de alguien. Preguntan por qué no hay barreras, ni conos, ni reflejantes, ni un solo aviso que advierta a quien circula a 40 o 50 kilómetros por hora en la oscuridad. La respuesta institucional, hasta ahora, es la misma que se escucha en Coatzintla desde hace años: nadie.

La molestia de vecinos y conductores no es solo por el daño material. Es por el patrón. Un alcalde que, según el reclamo recurrente en la calle, no gobierna: administra la herencia. Jorge Alanís aparece como la cara visible de un clan que, denuncian habitantes, concentró contratos, influencias y silencios. Mientras la familia se reparte el control de lo que se mueve en el municipio, la infraestructura básica se pudre a la vista de todos. El bulevar a Poza Rica no es un accidente aislado: es el síntoma más visible de un poder que no rinde cuentas porque no necesita hacerlo.

Los vecinos de Adolfo López Mateos ya no piden milagros. Piden lo mínimo: señalética, barreras, retiro de escombros y, sobre todo, que alguien asuma la responsabilidad antes de que el próximo daño deje de ser una llanta y se convierta en un cuerpo. El Ayuntamiento de Coatzintla tiene la obligación legal y moral de intervenir de inmediato. Hasta ahora, la única intervención visible es la de los conductores que esquivan piedras y maldicen en voz alta.

La pregunta que nadie en el poder local quiere responder es sencilla y devastadora: ¿hasta cuándo Coatzintla seguirá pagando con seguridad y dinero propio el costo de un alcalde que parece más títere que autoridad? Mientras los escombros sigan ahí, la respuesta se escribe sola.

Redacción Reportaje Veracruzano

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