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Otro animal muerto bajo el gobierno de Hugo Chahín: la UMA de Orizaba acumula preguntas y el Ayuntamiento, explicaciones

Orizaba, Ver.— La muerte de otro ejemplar de fauna silvestre bajo resguardo municipal vuelve a colocar al alcalde Hugo Chahín frente a un problema que su administración no puede resolver únicamente con comunicados: la confianza pública.

El fallecimiento del tigre “Toño”, confirmado por el propio Ayuntamiento, ocurre en un contexto particularmente incómodo para el gobierno municipal. La administración asegura que el felino recibió atención veterinaria especializada, que se practicó la necropsia correspondiente y que las autoridades ambientales fueron notificadas.

Pero políticamente el asunto no termina ahí.

La pregunta que comienza a instalarse entre ciudadanos y colectivos defensores de los animales es mucho más directa: ¿quién está vigilando que los ejemplares de la UMA Citlaltépetl se encuentren realmente en condiciones adecuadas?

Para un gobierno que ha convertido a Orizaba en uno de sus principales escaparates turísticos, la muerte recurrente de animales bajo custodia municipal representa un flanco particularmente sensible. Cada deceso obliga a la administración de Chahín a explicar no solamente de qué murió el animal, sino también qué se hizo antes, durante y después de que aparecieran los primeros signos de enfermedad.

Y ahí es donde comienza el verdadero problema político.

Porque informar que hubo una necropsia no necesariamente responde a todas las preguntas. El alcalde debería ser el primer interesado en demostrar, con documentos y resultados verificables, qué ocurrió, qué se detectó a tiempo, qué no se detectó y qué medidas concretas se implementarán para impedir que vuelva a suceder.

Si la administración sostiene que todo funcionó conforme a los protocolos, la transparencia tendría que ser su mejor defensa.

La oposición, los colectivos animalistas y los ciudadanos tienen ahora un argumento para exigir cuentas: que el Ayuntamiento deje de administrar la crisis exclusivamente desde el discurso y permita conocer con mayor claridad la situación de la UMA.

Porque una cosa es informar que un animal murió por una enfermedad y otra muy distinta demostrar que su muerte era inevitable y que antes de ella se hizo todo lo humanamente posible para salvarlo.

El caso adquiere mayor relevancia porque no se trata del primer cuestionamiento relacionado con fauna bajo resguardo municipal. Los antecedentes de otros fallecimientos han mantenido abierta una discusión que el Ayuntamiento no ha conseguido cerrar del todo: si el modelo actual de manejo de animales silvestres en Orizaba garantiza realmente su bienestar.

Y mientras esa discusión permanece abierta, la presión política recae directamente sobre Hugo Chahín.

El alcalde puede atribuir la muerte a una condición médica y esperar los resultados de los estudios. Lo que no puede hacer políticamente es pretender que el asunto desaparezca con un comunicado.

La muerte de “Toño” no solamente deja un animal menos en la reserva. Deja también una pregunta más sobre el escritorio del alcalde: ¿qué está haciendo su gobierno para garantizar que la UMA Citlaltépetl no se convierta en una colección de casos que siempre se explican después de que ocurren?

El verdadero problema para Chahín ya no es únicamente la muerte de un tigre.

Es la credibilidad de la administración que encabeza.

Y esa, a diferencia de una necropsia, no se resuelve en un laboratorio: se gana —o se pierde— frente a los ciudadanos.

Redacción Reportaje Veracruzano

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