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FRACKING: LA TRAICIÓN SILENCIOSA QUE ENVENENA PAPANTLA Y CONDENA A SUS PUEBLOS

Papantla, Veracruz.— En el norte del estado no hay discursos, hay olores. Olor a gas, a muerte lenta, a tierra herida. Mientras desde el poder se habla de “técnicas menos agresivas”, en Papantla la realidad es otra: comunidades indígenas que respiran incertidumbre, beben contaminación y viven sobre un territorio perforado hasta el límite de la dignidad.

Aquí no hay transición energética, hay simulación.
Las recientes declaraciones de la presidenta Claudia Sheinbaum han encendido la alarma en comunidades que ya no creen en promesas. Porque mientras en el discurso se matiza el fracking, en el territorio se padece. Y se padece todos los días.

Rodolfo Viviano, integrante del colectivo Corazón, lo dijo sin rodeos: es una traición. Una palabra que pesa, pero que encuentra sustento en lo que hoy se documenta en campo: pozos activos, fugas constantes, agua contaminada y enfermedades que empiezan a normalizarse como si fueran parte del paisaje.

EL VENENO YA ESTÁ EN LA TIERRA… Y EN LOS CUERPOS

No es una advertencia futura. Es una realidad presente.

En comunidades como Arroyo Florido, El Palmar, Coatzintla y Emiliano Zapata, el deterioro es visible: caminos destrozados por maquinaria, infraestructura petrolera abandonada, y derrames que se filtran en parcelas donde antes se sembraba vida.
Hoy se siembra incertidumbre.

Habitantes reportan dolores de cabeza, náuseas, vómito y enfermedades en la piel. No son estadísticas, son síntomas de una región intoxicada. El aire ya no es aire, es un recordatorio constante de que algo está profundamente mal.

Más grave aún: testimonios hablan de posibles malformaciones en fetos. Una acusación que, de confirmarse, no sería solo un daño ambiental, sino un crimen generacional.

EL AGUA NEGRA: LA PRUEBA QUE NADIE QUIERE VER

Mario Olaya Trinidad no necesita estudios técnicos para saber que algo cambió. El agua de su pozo, antes limpia, hoy brota negra. Negra como la negligencia.
Y mientras eso ocurre, el silencio institucional pesa más que cualquier derrame.

La responsabilidad apunta directamente a Petróleos Mexicanos, una empresa que durante décadas ha operado en la región dejando tras de sí un rastro de abandono, opacidad y daños acumulados.

MEQUETLA: EL EPICENTRO DE LA IMPUNIDAD PETROLERA

El caso del ejido Mequetla, en Castillo de Teayo, no es aislado: es el retrato brutal de lo que ocurre cuando la industria extractiva opera sin control real.
Más de 130 pozos perforados. Decenas aún activos. Fugas, derrames, contaminación de arroyos, pérdida de cultivos y fauna. Todo documentado.

Entre 2024 y 2025, los incidentes se multiplicaron: miles de litros de hidrocarburos vertidos, derrames que se extendieron por meses sin atención oportuna, y comunidades obligadas a protestar bloqueando pozos para ser escuchadas.

Aquí, la pregunta no es si hay daño.
La pregunta es: ¿cuánto más están dispuestos a permitir?

FRACKING: EL NEGOCIO QUE CONVIERTE REGIONES EN ZONAS DE SACRIFICIO

Detrás del discurso técnico hay una realidad brutal: el fracking requiere millones de litros de agua por pozo. Agua que se extrae de regiones donde ya escasea. Agua que regresa convertida en residuo tóxico.
La cuenca Tampico-Misantla es clave para el país. Pero para las comunidades nahuas y totonacas, es una sentencia.

Empresas como DWF y Weatherford ya tienen la tecnología. El Estado tiene el plan energético 2025-2035. Y las comunidades… tienen miedo.
Porque todo apunta a lo mismo: expandir la extracción, aunque eso implique profundizar el daño.

OPACIDAD, MIEDO Y UNA VERDAD INCÓMODA

El problema no es solo ambiental. Es político.
Hay denuncias de información reservada, de intimidación a quienes alzan la voz, de un sistema que protege la operación, pero no a la gente.
Papantla ya está herido. Y aun así, se plantea intensificar la explotación.

La historia se repite: promesas arriba, devastación abajo.

Y mientras tanto, en el norte de Veracruz, miles de personas viven sobre un territorio que ya no les pertenece del todo. Un territorio perforado, contaminado… y peligrosamente olvidado.

Redacción Reportaje Veracruzano

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