COFRE DE PEROTE: EL BOSQUE INCENDIADO A PROPÓSITO… Y LA AUTORIDAD MIRANDO HACIA OTRO LADO

Xalapa, Ver.— Lo que ocurre en el Cofre de Perote no es una tragedia ambiental: es un crimen sistemático. Un desmantelamiento calculado del bosque, ejecutado a plena luz del día y, según denuncian habitantes organizados, con la sombra —o la complacencia— de servidores públicos.
El llamado “Frente contra la tala ilegal y en defensa del Cofre de Perote” no se anda con rodeos: habla de una escalada “desmedida” de tala clandestina, incendios provocados y extracción ilegal de tepezil. Pero lo más grave no es el daño en sí, sino el engranaje que lo sostiene: taladores, aserraderos, transportistas… y funcionarios que, por omisión o complicidad, permiten que el saqueo avance sin freno.
La mecánica es tan burda como efectiva: primero arde el bosque. Luego, sobre las cenizas, se legitima el saqueo. La madera quemada se extrae sin control y, como si fuera poco, en esos mismos terrenos se perfora la tierra para sacar tepezil sin permisos, sin estudios de impacto ambiental, sin ley. No es improvisación, advierten los denunciantes: es un esquema deliberado para cambiar el uso de suelo y abrir paso a negocios ilegales.
Mientras tanto, el paisaje desaparece. Manchones completos de bosque se esfuman día tras día, frente a comunidades que no solo observan, sino que denuncian. Las querellas han sido presentadas ante instancias como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, la Procuraduría Estatal de Medio Ambiente y la Fiscalía General de la República. ¿El resultado? Expedientes congelados. Silencio institucional. Impunidad.
El 25 de febrero, una mina de tepezil fue clausurada. Un gesto mínimo frente a una maquinaria que sigue operando. “Cerrar un punto no desactiva la red”, sostienen. Y tienen razón: el problema no es un sitio, es el sistema.
La pregunta incómoda —y urgente— es otra: ¿cómo es posible que, con presencia de Policía Municipal, Estatal, Guardia Nacional e incluso un batallón militar en la zona, el tráfico de madera ilegal fluya sin obstáculos? Los pobladores aseguran haber documentado camiones cargados circulando con total normalidad, algunos incluso escoltados. No es descuido. Es permisividad.
Ante el abandono oficial, las comunidades han tenido que hacer el trabajo del Estado: redes de vigilancia vecinal, geolocalización de puntos de extracción ilegal, mesas de trabajo, denuncias con sustento jurídico. Ciudadanos contra una estructura que debería protegerlos.
Pero el costo ya es irreversible si no se detiene ahora. La deforestación en el Cofre de Perote no solo destruye árboles: amenaza el suministro de agua para decenas de miles de personas, incluida la capital, Xalapa. Erosiona la tierra, debilita ecosistemas y deja a la región expuesta a desastres climáticos cada vez más severos.
Aquí no hay ambigüedades: el bosque no se está perdiendo, lo están arrancando. Y cada árbol que cae bajo esta red de intereses es también una prueba más de un Estado que, teniendo los ojos abiertos, decide no ver.
Redacción Reportaje Veracruzano



