Ajedrez PolíticoAlerta RojaTuxpan

Tuxpan: el cobro de piso que nadie quiere nombrar y un gobierno municipal completamente rebasado

En Tuxpan hay un miedo que crece en silencio. No aparece en los discursos oficiales ni en las fotografías institucionales, pero se respira entre comerciantes, empresarios y trabajadores que todos los días levantan cortinas sin saber si serán las próximas víctimas de amenazas, extorsiones o ataques armados.

El reciente atentado contra la Carnicería El Jarocho volvió a exhibir una realidad que desde hace meses muchos prefieren callar: el presunto avance del cobro de piso en distintos sectores comerciales de la ciudad.

Carnicerías, estéticas, refaccionarias y pequeños negocios comienzan a vivir bajo presión criminal mientras el gobierno municipal parece completamente incapaz de contener el deterioro de la seguridad. El miedo ya no es aislado; empieza a convertirse en parte de la vida cotidiana en el puerto.

Y en medio de esta crisis, las críticas apuntan directamente al alcalde Daniel Cortina Martínez, cuya administración comienza a ser señalada por ciudadanos y comerciantes como ausente, rebasada e incapaz de garantizar condiciones mínimas de seguridad.

La molestia social crece porque mientras el ciudadano común enfrenta amenazas y violencia, el alcalde se mueve presuntamente rodeado de múltiples escoltas y dispositivos de protección. La imagen resulta demoledora para una población que observa cómo los negocios viven bajo miedo mientras el poder político parece encapsulado en una burbuja de seguridad privada.

Tuxpan no es un municipio cualquiera. Es una ciudad estratégica, con actividad petrolera, portuaria y comercial, además de contar con fuerte presencia de fuerzas federales, bases militares y vigilancia naval. Precisamente por eso resulta todavía más alarmante que grupos criminales puedan operar con semejante descaro en pleno centro urbano.

La percepción que empieza a instalarse entre la población es devastadora: el crimen avanza mientras la autoridad retrocede.

Muchos comerciantes ya ni siquiera confían en denunciar. Algunos guardan silencio por temor a represalias. Otros simplemente intentan sobrevivir pagando, cerrando temprano o evitando llamar la atención. Poco a poco, el miedo comienza a dominar la actividad económica local.

El problema del cobro de piso no solo vacía bolsillos; destruye la confianza social, paraliza inversiones y convierte al ciudadano trabajador en rehén psicológico de la delincuencia. Cada negocio intimidado representa una derrota institucional.
Y hoy la pregunta que empieza a resonar con fuerza en Tuxpan es incómoda pero inevitable: ¿dónde está el gobierno municipal mientras el terror comienza a instalarse en las calles?

Porque cuando una ciudad empieza a acostumbrarse a las amenazas, a los ataques armados y al silencio obligado de los comerciantes, significa que la crisis ya dejó de ser solamente de seguridad. Se convierte en una crisis total de autoridad, liderazgo y gobernabilidad.

Redacción Reportaje Veracruzano

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba